Sentados en corro merendábamos besos y porros. Y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa...
Siempre parecía sonar la misma canción al entrar en el coche y, como los viajes solían coincidir en domingo, el madrugón, la resaca y el cansancio que inevitablemente provocan las altas temperaturas le daban al ambiente un toque ciertamente singular.
Recuerdo que escuchaba con atención la voz de Adriana Varela entonando los versos de Sabina, sobre todo al final, cuando cantaba eso de «y no volví más a tu puesto del rastro a comprarte...». Todos permanecíamos en silencio lo que duraba la canción. Aunque estuviéramos hablando de algo interesante, daba igual. Comenzaba y nos callábamos, así de simple. Y al terminar, continuábamos hablando como si nada.
Esos acordes se habían convertido, sin que ninguno de nosotros lo pretendiera, en la más exacta encarnación del ocaso de la semana.
jueves, 28 de julio de 2011
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No conocía la canción, pero, escuchándola, entiendo el silencio.
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