martes, 30 de octubre de 2012
Tarde del tiempo
Quiero evocar de nuevo aquella escena.
Los dos sentados cerca y en silencio.
Hay un lento mecerse del viento
entre los árboles, el rumor incesante
del agua -hacia lo lejos-,
una sombra oscilante y ya oblicua.
La tarde se sucede, apenas pasa.
Los dos nos contentamos con mirarnos.
Nuestra respiración respira en ella.
Callamos e interpreto, acaso, lo que piensas.
No hay nada que sugiera sino tiempo.
Horas que se detienen en su ausencia.
¿Deseamos nombrar lo que termina?
Asidos a ese rayo que nos huye
el destino dispone un pacto extraño:
perdurará en palabras el silencio
y en su repetición no viviremos.
Álvaro Valverde, de Una oculta razón (1991).
martes, 4 de septiembre de 2012
Dona estrangera
El teu avi tenia un bigoti llarg I blanc,
I el sucava en cervesa tèbia en tavernes dels Alps.
Pels matins les teves tietes baixen a banyar-se,
A una platja escenari de la Segona Guerra Mundial.
Dona estrangera,
Com em veuen els teus ulls?
Ton pare destil·la prunes I les deixa fermentar,
I en fires exsoviètiques ven licor de vuitanta graus.
Al jardí la teva àvia vesteix kimono blanc,
Mentre el sol vermell es pon entre les branques d'un bonsai.
Dona estrangera,
Com em veuen els teus ulls?
Dona estrangera.
Mentre ballem em mullen les aigües del Rin,
Entro amb un tanc rus a Berlín,
M'espanta el teu passat víking.
Mentre ens besem entre copes d'arbres gegants,
Ta mare resa a déus estranys,
Ton pare educa uns elefants.
Quan fem l'amor dos-cents dansaires otomans,
Giren contents al meu voltant,
Somriuen I piquen de mans.
I ens abracem I pujo en un tramvia groc,
Passejo entre obres del Barroc,
Em perdo en la Terra del Foc.
domingo, 26 de agosto de 2012
Saudade
Ninguna de las definiciones que había leído hasta la fecha de la palabra saudade había logrado convencerme.
Entendía el concepto, sí, comprendía su significado, pero el hecho de que se intentara explicar ese sentimiento tan complejo a base de pesadas palabras y de cuadriculados monemas, sólo conseguía empobrecerlo por completo, anularlo.
Porque, ¿cómo puede uno asimilar que exista ese pesar tan profundo del alma ante definiciones tales como "soledad, nostalgia, añoranza"? ¿Cómo puede nadie definir una sensación tan pura de una forma tan estricta? Creo que hay palabras que no debieran nunca ser explicadas, solamente vividas.
Hace pocos días me topé con la auténtica manera de vivir la saudade, casi diría que la única.
Es esta:
Entendía el concepto, sí, comprendía su significado, pero el hecho de que se intentara explicar ese sentimiento tan complejo a base de pesadas palabras y de cuadriculados monemas, sólo conseguía empobrecerlo por completo, anularlo.
Porque, ¿cómo puede uno asimilar que exista ese pesar tan profundo del alma ante definiciones tales como "soledad, nostalgia, añoranza"? ¿Cómo puede nadie definir una sensación tan pura de una forma tan estricta? Creo que hay palabras que no debieran nunca ser explicadas, solamente vividas.
Hace pocos días me topé con la auténtica manera de vivir la saudade, casi diría que la única.
Es esta:
jueves, 16 de agosto de 2012
Porvenir
Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
¡Mañana! Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.
Ángel González, de A todo amor (1997)
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
¡Mañana! Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.
Ángel González, de A todo amor (1997)
miércoles, 18 de julio de 2012
Quod natura non dat...*
Llevo ya bastante tiempo queriendo escribir acerca del adiós, de la partida inminente de esta ciudad que tanto nos ha dado a todos (y aún en la distancia nos seguirá dando, de eso estoy segura), pero no había encontrado el momento más adecuado para hacerlo, quizás por el ajetreo de papeles, becas y demás asuntos burocráticos sinsentido, quizás por la nostalgia que intuía se desataría si comenzaba a escribir algo como lo que estoy escribiendo ahora.
El caso es que, a punto de marcharme de una de las ciudades que considero más significativas, no encuentro muy bien las palabras que describan lo mucho que voy a echar de menos esto. Se agolpan en mis recuerdos montones de anécdotas y de momentos, decenas de rostros y sentimientos -algunos que jamás pensé que recordaría, otros imposibles de olvidar- pero tan sólo una certeza, una evidencia férrea e ineludible: que este no es el final, o al menos no para mí.
Es cierto que abandonaremos sus calles, que nosotros, los de ahora, no volveremos a pasar las tardes en sus cafés ni a sumergirnos en sus nocturnos recovecos, pero volveremos (que al fin y al cabo es lo importante).
Y retomaremos el camino, aunque sea un poco más adelante.
Aunque ya no seamos los mismos.
* Y el título, lo primero que aprendí nada más llegar aquí.
El caso es que, a punto de marcharme de una de las ciudades que considero más significativas, no encuentro muy bien las palabras que describan lo mucho que voy a echar de menos esto. Se agolpan en mis recuerdos montones de anécdotas y de momentos, decenas de rostros y sentimientos -algunos que jamás pensé que recordaría, otros imposibles de olvidar- pero tan sólo una certeza, una evidencia férrea e ineludible: que este no es el final, o al menos no para mí.
Es cierto que abandonaremos sus calles, que nosotros, los de ahora, no volveremos a pasar las tardes en sus cafés ni a sumergirnos en sus nocturnos recovecos, pero volveremos (que al fin y al cabo es lo importante).
Y retomaremos el camino, aunque sea un poco más adelante.
Aunque ya no seamos los mismos.
* Y el título, lo primero que aprendí nada más llegar aquí.
jueves, 21 de junio de 2012
La nueva sentimentalidad
El encuentro
En Salamanca, el último noviembre,
te encontré por la calle, tan delgada
como entonces, pero con más arrugas.
Dabas clases de no sé qué muy raro
(Textología, por ejemplo) y eras
muy feliz explicando a tus alumnos
lo divino y lo humano. Me dijiste
que tus hijos quedaron en Madrid,
con su padre, y que sólo los veías
-ya eran mayores- tres o cuatro veces
al año; que te habías doctorado
(¡por fin!) y que ahora sólo te faltaba
ser funcionaria para ver el mundo
desde el lugar que merecías.
te encontré por la calle, tan delgada
como entonces, pero con más arrugas.
Dabas clases de no sé qué muy raro
(Textología, por ejemplo) y eras
muy feliz explicando a tus alumnos
lo divino y lo humano. Me dijiste
que tus hijos quedaron en Madrid,
con su padre, y que sólo los veías
-ya eran mayores- tres o cuatro veces
al año; que te habías doctorado
(¡por fin!) y que ahora sólo te faltaba
ser funcionaria para ver el mundo
desde el lugar que merecías.
Yo
te dije que bueno, que pasaba
por allí casualmente, que tenía
un amigo escritor en Salamanca
y que había venido a visitarlo.
Tú me dijiste: «¿Tienes mucha prisa
o podemos tomarnos algo juntos?»
Después de muchas copas, con el alba
siguiendo nuestra pista, te lo dije:
«Desde entonces no ha habido otra mujer.»
Y en mi interior bullía la mentira
al alimón con el deseo, y todo
-aquel horrible bar, tú y yo, la noche-
era tan esperpéntico y absurdo
que se parecía a la vida.
Luis Alberto de Cuenca, de Por fuertes y fronteras.
te dije que bueno, que pasaba
por allí casualmente, que tenía
un amigo escritor en Salamanca
y que había venido a visitarlo.
Tú me dijiste: «¿Tienes mucha prisa
o podemos tomarnos algo juntos?»
Después de muchas copas, con el alba
siguiendo nuestra pista, te lo dije:
«Desde entonces no ha habido otra mujer.»
Y en mi interior bullía la mentira
al alimón con el deseo, y todo
-aquel horrible bar, tú y yo, la noche-
era tan esperpéntico y absurdo
que se parecía a la vida.
Luis Alberto de Cuenca, de Por fuertes y fronteras.
miércoles, 13 de junio de 2012
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