miércoles, 13 de junio de 2012

Hablar por hablar

Nada de lo que decía era verdad, y en nada mentía.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Conversación con premio

Recuerdo que, hace ya casi tres años, nos habló en una clase de la novela “Conversación en La Catedral”, de Mario Vargas Llosa. Podría comenzar a describir la charla tan interesante que dio sobre la obra y que nunca tuvo lugar, con la única intención de adornar el texto y llenarlo de detalles idílicos e inventados, pero no lo voy a hacer porque mentiría si dijera que me acuerdo exactamente de lo que mencionó acerca de ella. En realidad, ni siquiera sé si le gustaba o no. Lo que no se me olvida es que ésa fue la única obra dentro de la literatura hispanoamericana del siglo XX sobre la que le recuerdo hablando, los codos apoyados en el monitor del ordenador de la mesa que estaba en el centro de la primera fila.
Esa pequeña anécdota fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando, ojeando las estanterías de la librería “Campus” una mañana de octubre mientras esperaba a que me atendieran, descubrí con gran sorpresa y entusiasmo la portada de su nuevo libro.
Coincidencias aparte, hoy me alegró enormemente leer esta noticia y comprobar cómo, a veces, el talento y la constancia terminan por ser recompensados. Gracias a Dios (o al jurado).

Enhorabuena, Gonzalo.

martes, 1 de mayo de 2012

Melancholia

Mientras en la pantalla de aquella claustrofóbica sala de cine se sucedían uno tras otro los angustiosos fotogramas que anticipaban el choque inminente del planeta Melancholia contra la Tierra, a mí se me venía a la cabeza la melodía de la preciosa canción AF607105, en la que la cantante Charlotte Gainsbourg –protagonista, además, de la película (curiosas coincidencias)- entonaba con voz suave: we wish you all a very happy pleasant flight… y así, a pesar del ensordecedor ruido de la destrucción que tronaba por toda la sala, yo lograba sentirme casi a salvo. Casi.


sábado, 28 de abril de 2012

Certezas

Entonces paramos delante de aquella fuente y no nos besamos.
Y yo supe, sin ningún atisbo de duda, que caminábamos de forma lenta pero inexorable hacia un fracaso sin remedio.

Futuro

domingo, 11 de marzo de 2012

Preguntas

Escribe el poeta placentino Álex Chico en uno de sus poemas:
«Me pregunto si alguien/ puede subsistir a base de estar/ siempre solo».
A veces, yo también me lo pregunto.

lunes, 5 de marzo de 2012

Un poema puro. Un poeta puro.

El desgarrador poema de Ben Clark que da título a su libro "Los hijos de los hijos de la ira" -ganador ex-aequo del XXI Premio de Poesía Hiperión en 2006- es, con mucho, uno de los mejores que he leído. Por su implacabilidad. Por la amargura que se mastica en cada uno de sus versos.
Porque no dice más que la verdad, y por eso es tan desolador.


II

"Hijos de la bonanza" nos llamaban:
los que no conocieron ni la hambruna
ni las agudas larvas de estridencia
chillando en el oído por las bombas.
Y cuando nuestras piernas tan delgadas
caían y sangraban porque el parque
era de un hormigón armado y frío,
se quedaban callados, observando
nuestro llanto con un gesto de sorna.

Debíamos vivir y dar las gracias
por la ocre rozadura en la garganta
que provocaba el aire al refugiarse.
Agradecer las flechas de las nubes
y que un fango lechoso a nuestros pies
-en un último gesto agonizante-
le mordiera las botas al progreso.
¿Y cómo agradecerles la alegría?
La risa provocada por los hombres
inocentes del mar
cuando se encaminaban hacia el río
dispuestos a bañarse entre excrementos.

También estaba el tedio
de tener que explicarles a los niños
palabras como pueblo indio, oso
pardo, ballena azul o lince ibérico.
Pero esto eran minucias, sacrificios
en nada comparables al sufrido
por aquellos que ahora nos decían
"hijos de nuestra sangre", tan severos.

Aunque, a veces, es cierto, no era fácil,
simplemente intentamos ir viviendo.
Haciendo caso omiso al comezón,
al vacío que moraba en nosotros,
hijos de la bonanza;
los hijos de los hijos de la ira,
herederos de todos los despojos.

Ben Clark, de "Los hijos de los hijos de la ira" (2006)