sábado, 28 de abril de 2012
domingo, 11 de marzo de 2012
Preguntas
Escribe el poeta placentino Álex Chico en uno de sus poemas:
«Me pregunto si alguien/ puede subsistir a base de estar/ siempre solo».
A veces, yo también me lo pregunto.
«Me pregunto si alguien/ puede subsistir a base de estar/ siempre solo».
A veces, yo también me lo pregunto.
lunes, 5 de marzo de 2012
Un poema puro. Un poeta puro.
El desgarrador poema de Ben Clark que da título a su libro "Los hijos de los hijos de la ira" -ganador ex-aequo del XXI Premio de Poesía Hiperión en 2006- es, con mucho, uno de los mejores que he leído. Por su implacabilidad. Por la amargura que se mastica en cada uno de sus versos.
Porque no dice más que la verdad, y por eso es tan desolador.
II
"Hijos de la bonanza" nos llamaban:
los que no conocieron ni la hambruna
ni las agudas larvas de estridencia
chillando en el oído por las bombas.
Y cuando nuestras piernas tan delgadas
caían y sangraban porque el parque
era de un hormigón armado y frío,
se quedaban callados, observando
nuestro llanto con un gesto de sorna.
Debíamos vivir y dar las gracias
por la ocre rozadura en la garganta
que provocaba el aire al refugiarse.
Agradecer las flechas de las nubes
y que un fango lechoso a nuestros pies
-en un último gesto agonizante-
le mordiera las botas al progreso.
¿Y cómo agradecerles la alegría?
La risa provocada por los hombres
inocentes del mar
cuando se encaminaban hacia el río
dispuestos a bañarse entre excrementos.
También estaba el tedio
de tener que explicarles a los niños
palabras como pueblo indio, oso
pardo, ballena azul o lince ibérico.
Pero esto eran minucias, sacrificios
en nada comparables al sufrido
por aquellos que ahora nos decían
"hijos de nuestra sangre", tan severos.
Aunque, a veces, es cierto, no era fácil,
simplemente intentamos ir viviendo.
Haciendo caso omiso al comezón,
al vacío que moraba en nosotros,
hijos de la bonanza;
los hijos de los hijos de la ira,
herederos de todos los despojos.
Porque no dice más que la verdad, y por eso es tan desolador.
II
"Hijos de la bonanza" nos llamaban:
los que no conocieron ni la hambruna
ni las agudas larvas de estridencia
chillando en el oído por las bombas.
Y cuando nuestras piernas tan delgadas
caían y sangraban porque el parque
era de un hormigón armado y frío,
se quedaban callados, observando
nuestro llanto con un gesto de sorna.
Debíamos vivir y dar las gracias
por la ocre rozadura en la garganta
que provocaba el aire al refugiarse.
Agradecer las flechas de las nubes
y que un fango lechoso a nuestros pies
-en un último gesto agonizante-
le mordiera las botas al progreso.
¿Y cómo agradecerles la alegría?
La risa provocada por los hombres
inocentes del mar
cuando se encaminaban hacia el río
dispuestos a bañarse entre excrementos.
También estaba el tedio
de tener que explicarles a los niños
palabras como pueblo indio, oso
pardo, ballena azul o lince ibérico.
Pero esto eran minucias, sacrificios
en nada comparables al sufrido
por aquellos que ahora nos decían
"hijos de nuestra sangre", tan severos.
Aunque, a veces, es cierto, no era fácil,
simplemente intentamos ir viviendo.
Haciendo caso omiso al comezón,
al vacío que moraba en nosotros,
hijos de la bonanza;
los hijos de los hijos de la ira,
herederos de todos los despojos.
Ben Clark, de "Los hijos de los hijos de la ira" (2006)
domingo, 26 de febrero de 2012
Cumpleaños
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
Ángel González, de Áspero mundo (1956)
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
Ángel González, de Áspero mundo (1956)
martes, 21 de febrero de 2012
Literatura y cine
La Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes, con la colaboración de la Filmoteca Regional de Castilla y León, ha organizado, durante el primer trimestre del año, el ciclo "Literatura y cine en español: una lengua, dos lenguajes" que consistirá en la proyección de diversas películas basadas en clásicos de la literatura en nuestro idioma.
Hoy, martes 21 de febrero, se proyectará "Divinas palabras" de José Luis García Sánchez, sobre la obra de Valle-Inclán. Durante las próximas semanas le seguirán "El túnel", "El aire de un crimen", "El perro del hortelano", "El coronel no tiene quien le escriba" y "Pantaleón y las visitadoras".
Todos los martes a las 20:15 horas en el Teatro Liceo. Promete.
Hoy, martes 21 de febrero, se proyectará "Divinas palabras" de José Luis García Sánchez, sobre la obra de Valle-Inclán. Durante las próximas semanas le seguirán "El túnel", "El aire de un crimen", "El perro del hortelano", "El coronel no tiene quien le escriba" y "Pantaleón y las visitadoras".
Todos los martes a las 20:15 horas en el Teatro Liceo. Promete.
sábado, 18 de febrero de 2012
En Tiergarten, de madrugada
Mientras observaba desde el vagón del S-Bahn el reloj de la estación de Tiergarten, me llamó la atención la velocidad con la que el segundero recorría el radio de la esfera temporal. De camino al Kapitan, quizás me asaltara un poco el miedo a la rapidez con la que suceden las cosas. Sólo quizás, porque al llegar a Hauptbahnhof ya nos estábamos riendo recordando algunas anécdotas del viaje y apenas reparaba en el ir y venir de los viajeros, la ausencia absoluta del sentimiento de extranjería que había experimentado días atrás y el bullicio incesante de los trenes.
Fasten seat belts while seated
Me resultaba imposible sentarme en los sillones del avión y leer el típico mensaje de "Life vest under your seat" del asiento delantero sin acordarme del poema de Luis García Montero, un poema que yo al principio aborrecía pero que, con el paso del tiempo, terminó anclándose en la memoria.
Pues eso, feliz vuelo.
Pues eso, feliz vuelo.
Life vest under your seat
Señores pasajeros, buenas tardes
y Nueva York al fondo todavía,
delicadas las torres de Manhattan
con la luz sumergida de una muchacha triste,
buenas tardes, señores pasajeros,
mantendremos en vuelo doce mil pies de altura,
altos como su cuerpo en el pasillo
de la Universidad, una pregunta,
podría repetirme el título del libro,
cumpliendo normas internacionales,
las cuatro ventanillas de emergencia,
pero habrá que cenar, tal vez alguna copa,
casi vivir sin vínculo y sin límites,
modos de ver la noche y estar en los cristales
del alba, regresando,
y muchas otras noches regresando
bajo edificios de temblor acuático,
a una velocidad de novecientos
kilómetros, te dije
que nunca resistí las despedidas,
al aeropuerto no,
prefiero tu recuerdo por mi casa,
apoyado en el piano del Bar Andalucía,
bajo el cielo violeta
de los amaneceres en Manhattan,
igual que dos desnudos en la penumbra
con Nueva York al fondo, todavía
al aeropuerto no,
rogamos hagan uso
del cinturón, no fumen
hasta que despeguemos,
cuiden que estén derechos los respaldos,
me tienes que llamar, de sus asientos.
Señores pasajeros, buenas tardes
y Nueva York al fondo todavía,
delicadas las torres de Manhattan
con la luz sumergida de una muchacha triste,
buenas tardes, señores pasajeros,
mantendremos en vuelo doce mil pies de altura,
altos como su cuerpo en el pasillo
de la Universidad, una pregunta,
podría repetirme el título del libro,
cumpliendo normas internacionales,
las cuatro ventanillas de emergencia,
pero habrá que cenar, tal vez alguna copa,
casi vivir sin vínculo y sin límites,
modos de ver la noche y estar en los cristales
del alba, regresando,
y muchas otras noches regresando
bajo edificios de temblor acuático,
a una velocidad de novecientos
kilómetros, te dije
que nunca resistí las despedidas,
al aeropuerto no,
prefiero tu recuerdo por mi casa,
apoyado en el piano del Bar Andalucía,
bajo el cielo violeta
de los amaneceres en Manhattan,
igual que dos desnudos en la penumbra
con Nueva York al fondo, todavía
al aeropuerto no,
rogamos hagan uso
del cinturón, no fumen
hasta que despeguemos,
cuiden que estén derechos los respaldos,
me tienes que llamar, de sus asientos.
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